Confesión en voz alta

Anoche no pude dormir.

Tal vez porque me cayó encima una verdad que venía esquivando:

me mentí.

Y también te mentí.

Dije que no me importaban las flores, pero sí me gustan.

Me gustan más cuando no tengo que pedirlas.

Dije que no me importaban las citas improvisadas, pero sí me gustan, sobre todo cuando no tengo que organizarlas yo.

Me gustan las cartas de amor, los mensajes largos que alguien escribe con el corazón lleno.

Me gustan las fotos espontáneas, las que llegan sin aviso.

Me gustan los actos de servicio, el contacto físico, el tiempo compartido sin reloj.

Me gustan las pequeñas sorpresas.

Me gusta que me quieran en voz alta.

Y no, no es demasiado.

No es pedir mucho.

Es saber lo que me gusta, lo que me hace bien,

y tener el coraje de no negármelo más.

No sé qué harás vos con esto, pero yo ya no pienso mentirme nunca más.

Confesión en voz alta 


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