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Mostrando entradas de febrero, 2026

El Soita -Fabián Bautista-

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Cuando un árbol no es paisaje, sino destino Hay novelas que narran hechos. Y hay otras que construyen identidad. El Soita pertenece a esta última categoría. La obra entrelaza historia y mito alrededor de la fundación de Comandante Andresito, en Misiones, pero lo hace desde una perspectiva singular: el eje no es un héroe humano, sino un árbol. El soita (también llamado “azota caballos”) se convierte en protagonista simbólico y espiritual de un territorio que se está forjando. A lo largo de los relatos, el árbol no es mero espectador: es señal, es misión, es memoria. Para el teniente coronel Jáuregui, tocar su corteza significa comprender que su destino es fundar un pueblo. Para Benito Katu, el soita es una marca del Gran Espíritu que guía su senda. Para otros personajes (como Don Chinelo o Pacheco) el árbol actúa como espejo, como recordatorio de identidad y propósito. Cada encuentro con el soita es una revelación. En este punto, la novela se eleva por encima del relato histórico...

La tentación de volver (cuando lo conocido todavía seduce)

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Creí, por un momento, que elegir distinto iba a apagar ciertas cosas. Que la claridad traería silencio. Que la calma desplazaría definitivamente a la intensidad. Pero no fue así. Lo que cambió no fue el deseo; fue el lugar desde donde lo miré. Porque después de todo el trabajo, de las decisiones tomadas con conciencia, de los vínculos soltados sin escándalo, apareció eso que ya conocía demasiado bien: la tentación de volver. No a una persona puntual, sino a una forma. A ese tipo de vínculo que activa rápido, que enciende el cuerpo antes que la cabeza, que promete mucho sin decir nada. No fue una recaída ingenua. No hubo engaño. Yo sabía perfectamente dónde estaba entrando. Había mensajes que despertaban algo antiguo. No decían nada extraordinario, pero el tono, el timing, la insinuación justa hacían su trabajo. El cuerpo respondía antes de que pudiera ordenar palabras. La imaginación se adelantaba. La escena se armaba sola. Esa fantasía conocida donde todo parece intenso, posible, v...

No estoy rota, estoy en proceso

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H ubo un tiempo en el que el dolor no era una metáfora, era físico, el pecho ardiendo, la respiración cortada, la sensación constante de que algo dentro se estaba rompiendo sin remedio.  Lloré hasta quedarme vacia, dudé de mi cordura, pensé que ese fuego no iba a apagarse nunca y que vivir asi seria la nueva normalidad. Nadie te prepara para ese punto en el que el dolor te desordena la mente y te hace creer que no vas a salir, que ya no hay forma de volver a sentir paz. Pero sanas, aunque no como te lo imaginas, no de golpe ni con promesas bonitas, sanas despacio, con recaídas, con dias grises y otras a penas soportables. Sanas cuando sobrevives a una noche más, cuando el fuego empieza a arder menos, cuando el corazon deja de doler todo el dia y solo duele de a ratos. Y un dia, casi sin darte cuenta, respiras sin que queme...y ahi entiendes que sí, que sanas, incluso después de haber creído que estabas perdida para siempre.  No puedo negar que todavia estoy sanando, y no tiene...

Habitar el Lugar elegido (cuando la teoria se pone a prueba)

Después de tanto aprender a diferenciar, de ponerle nombre a los vínculos, de ordenar lo que antes era puro impulso, apareció algo nuevo: un vínculo que, en los papeles, estaba bien. No perfecto, pero correcto. Había interés. Había presencia. Había coherencia. No había juegos, ni desapariciones, ni ambigüedades explícitas. Y, aun así, no terminó de convertirse en hogar. No llegó con estruendo ni con promesas. Se fue armando despacio, casi sin que yo lo notara. Nos vimos varias veces. Hubo mensajes, encuentros, gestos claros. Él estaba disponible, demostrativo, cariñoso. Me decía que le gustaba estar conmigo, que quería verme, que le importaba. Todo eso que durante mucho tiempo había buscado en vínculos que no me elegían, esta vez estaba ahí, sin esfuerzo. Y sin embargo, algo no encajaba del todo. Al principio pensé que era miedo. Después, que era exigencia. Me pregunté si no estaría boicoteándome otra vez, si no estaría descartando algo bueno solo porque no venía envuelto en intensi...

La incomodidad de ser elegida

Hubo un momento, después de todo ese recorrido, en el que empecé a encontrarme con otro tipo de vínculos. No eran los que me desarmaban ni los que me dejaban esperando. Eran vínculos donde la elección venía del otro hacia mí. Y, sin embargo, algo no terminaba de encajar. Ellos estaban. Había insistencia, disponibilidad, ganas explícitas de verme. Propuestas concretas, mensajes frecuentes, una presencia sostenida al menos en palabras. Me decían que querían verme, que yo siempre tenía alguna excusa, que nunca podía. Y era verdad… pero no del todo. Porque cuando yo quería, podía. Lo que pasaba es que no quería ahí. Lejos de tranquilizarme, esa elección me incomodaba. Me generaba rechazo. A veces incluso enojo. Me descubría pensando “qué intenso”, “qué denso”, y cuanto más insistían, más me alejaba. Era como si esa disponibilidad, que en otros momentos yo había reclamado tanto, en este caso me repeliera. No porque estuviera mal en sí misma, sino porque no venía acompañada de lo que yo ne...