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Las dos que soy

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Hay una parte de mí que aprendió a quedarse quieta. No porque no tenga ganas de irse. Ni porque haya dejado de desear ciertas cosas. Aprendió a quedarse porque entendió, después de algunas veces, que no todo lo que uno quiere debe perseguirse. Entonces se sienta. Espera que pase el impulso de escribir. Que se acomode la ansiedad. Que el silencio deje de parecer una pregunta. Se convence de que estar quieta también es una forma de cuidarse. Pero hay otra. Una que no siempre muestro. Está parada cerca de la puerta. Mira hacia afuera como si todavía creyera que alguien puede llegar. Como si, en algún lugar que no termina de reconocer, siguiera existiendo la posibilidad de no tener que hacerlo todo sola. No sé cuál de las dos soy más. La que se queda sentada, con las manos entrelazadas para no salir corriendo detrás de algo que no viene. O la que permanece en el umbral, esperando descubrir si esta vez, del otro lado, hay alguien. Supongo que convivo con ambas. Con la que aprendió a no pers...

Y un día la vida me dijo

Y un día la vida me dijo...Ahora te toca a vos... No a la que espera. No a la que intenta entender por qué alguien se queda a medias. No a la que se conforma con migajas porque alguna vez tuvo hambre de amor. A vos. A la que aprendió que cerrar una puerta también puede ser una forma de abrirse camino. A la que dejó de perseguir respuestas y empezó a escuchar sus propias preguntas. A la que entendió que no todo lo que pierde es una pérdida. Y entonces, casi sin darte cuenta, dejaste de preguntarte ¿por qué no me eligió? y empezaste a preguntarte: ¿Por qué habría de elegirme alguien que no sabe verme? Y ahí cambió todo.

A la niña que fui

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A veces miro esta foto y pienso que me gustaría poder sentarme al lado de esa nena. No para contarle todo lo que va a pasar, porque probablemente se asustaría un poco. Tampoco para advertirle de las veces que va a equivocarse, de las personas que va a conocer o de las cosas que algún día le van a doler. Creo que simplemente me gustaría mirarla un rato. Tiene seis años. Todavía no sabe todo lo que va a aprender. No sabe que algunas veces va a tener que hacerse fuerte cuando, en realidad, lo único que va a querer será que alguien la abrace. No sabe que va a cambiar de opinión, que va a perder personas, que va a empezar de nuevo más de una vez. Tampoco sabe que va a descubrir que crecer no significa tener todas las respuestas. Y quiero decirle algo antes de que siga creciendo: no te olvidé. Sé que en algún momento aprendimos a cuidarnos de maneras que vos no conocías. Aprendimos a desconfiar un poco más, a pensar antes de sentir, a guardar algunas cosas para nosotras. La vida hizo lo suyo...

Al niño que todavía vive en vos

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Miro esta foto y pienso que, aunque hoy tengas 21 años, hay una parte de mí que todavía ve a ese nene. Al que tenía ese tamaño, esa mirada y esa manera de agarrarse a mí como si el mundo entero pudiera esperar un rato más. Sé que creciste. Sé que ya no sos ese nene de la foto. Tenés tus propias ideas, tus decisiones, tus proyectos, tus formas de mirar la vida. Ya no necesitás que te lleve de la mano para cruzar una calle ni que te diga que te abrigues antes de salir. Aunque probablemente alguna vez todavía lo haga, porque algunas costumbres no se negocian. Pero hay algo que quiero que sepas. Para mí, crecer nunca significó dejar de ser aquel niño. Porque ese niño sigue viviendo en vos. Está en la forma en que te reís, en las cosas que todavía te entusiasman, en aquello que te hace sentir curiosidad, en los sueños que quizás todavía no sabés cómo alcanzar. Está en esa parte tuya que no tiene que demostrarle nada a nadie para merecer amor. Y ojalá nunca la pierdas. Ojalá la vida no te co...

Hay personas que nos gustan y aun así no nos sirven

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Hay personas que nos gustan muchísimo, nos gusta cómo nos miran, cómo nos hacen reír, cómo se siente estar cerca de ellas, nos gusta el deseo, la conversación, la complicidad, incluso esa sensación de reconocer algo conocido cuando volvemos a encontrarnos. Y, sin embargo, hay algo que no encaja. No necesariamente porque haya algo malo en ellas. Ni porque nos hayan hecho daño. Ni porque todo haya sido una mentira. Simplemente porque lo que existe entre dos personas puede ser hermoso y, aun así, no ser suficiente para construir lo que una de ellas necesita. Y quizás esa sea una de las contradicciones más difíciles de aceptar. Porque cuando alguien no nos gusta, es fácil irse. Cuando alguien nos gusta pero nos hace mal, también podemos encontrar una razón para hacerlo. Pero ¿qué hacemos cuando alguien nos gusta y, al mismo tiempo, sabemos que no nos alcanza? Ahí no hay una respuesta tan sencilla. Porque podés sentir deseo. Podés sentir cariño. Podés disfrutar de su compañía. Podés quer...