No estoy rota, estoy en proceso

Hubo un tiempo en el que el dolor no era una metáfora, era físico, el pecho ardiendo, la respiración cortada, la sensación constante de que algo dentro se estaba rompiendo sin remedio. 

Lloré hasta quedarme vacia, dudé de mi cordura, pensé que ese fuego no iba a apagarse nunca y que vivir asi seria la nueva normalidad. Nadie te prepara para ese punto en el que el dolor te desordena la mente y te hace creer que no vas a salir, que ya no hay forma de volver a sentir paz. Pero sanas, aunque no como te lo imaginas, no de golpe ni con promesas bonitas, sanas despacio, con recaídas, con dias grises y otras a penas soportables. Sanas cuando sobrevives a una noche más, cuando el fuego empieza a arder menos, cuando el corazon deja de doler todo el dia y solo duele de a ratos.

Y un dia, casi sin darte cuenta, respiras sin que queme...y ahi entiendes que sí, que sanas, incluso después de haber creído que estabas perdida para siempre. 

No puedo negar que todavia estoy sanando, y no tiene que ver con un desamor ni con alguien que se fue. Estoy sanando cosas más profundas, más silenciosas, más difíciles de explicar. Estoy sanando errores que cometí cuando no sabía hacerlo mejor, decisiones que tomé desde el miedo, desde la carencia, desde la necesidad de ser querida. Estoy sanando vinculos familiares que dolieron más de lo que debería doler lo que se llama hogar, patrones que aprendí sin querer y que hoy ya no quiero repetir, reacciones que no me representan pero que nacieron de heridas mal cerradas. 

Estoy sanando versiones mías que sobrevivieron como pudieron, aunque a veces hayan lastimado en el intento. Estoy aprendiendo a hacerme responsable sin castigarme, a mirar mi historia con honestidad pero tambien con conpasión. Porque crecer no es fingir que nada pasó, es aceptar lo que dolió, hacerse cargo de lo que uno hizo mal y elegir distinto, incluso cuando cambiar cuesta. 

Y lo más importante, estoy sanando mi salud emocional. Esa que nadie ve, pero que sostiene todo. Esa que se permite poner limites sin culpa, soltar sin rencor y quedarme conmigo sin sentirme insuficiente. No estoy rota, estoy en proceso. Y eso, aunque no sea rápido ni cómodo, también es una forma de valentía. 

Soy una mujer valiosa, que se ama y soy honesta. Una mujer que conoce su valor y no olvida lo que merece. Fuerte sin dejar de ser sensible, perseverante sin perder la dulzura, y honesta al momento de amar. 

He tropezado, he aprendido, y he seguido avanzando en silencio, aun cuando el camino se ha puesto cuesta arriba. Mi corazón, mis intenciones y mi forma de dar hablan por mí. 

Confío en que todo lo bueno encuentr su momento, porque camino con fe, paciencia y gratitud. Sé que lo que llega a mi vida será justo, bendecido y perfecto a su tiempo. 



Marr




Comentarios

Entradas populares de este blog

Cuando parecia distinto

Leo diferente según para quién