A la niña que fui
A veces miro esta foto y pienso que me gustaría poder sentarme al lado de esa nena. No para contarle todo lo que va a pasar, porque probablemente se asustaría un poco. Tampoco para advertirle de las veces que va a equivocarse, de las personas que va a conocer o de las cosas que algún día le van a doler.
Creo que simplemente me gustaría mirarla un rato.
Tiene seis años. Todavía no sabe todo lo que va a aprender. No sabe que algunas veces va a tener que hacerse fuerte cuando, en realidad, lo único que va a querer será que alguien la abrace. No sabe que va a cambiar de opinión, que va a perder personas, que va a empezar de nuevo más de una vez. Tampoco sabe que va a descubrir que crecer no significa tener todas las respuestas.
Y quiero decirle algo antes de que siga creciendo: no te olvidé.
Sé que en algún momento aprendimos a cuidarnos de maneras que vos no conocías. Aprendimos a desconfiar un poco más, a pensar antes de sentir, a guardar algunas cosas para nosotras. La vida hizo lo suyo y nosotras hicimos lo que pudimos con cada etapa que nos tocó.
Pero no quiero que confundas crecer con dejar de ser vos.
Todavía estás acá.
Seguís apareciendo cada vez que algo nos entusiasma de verdad, cuando nos reímos sin pensar demasiado, cuando una canción nos encuentra en el momento justo, cuando abrimos un libro y volvemos a sentir que hay mundos enteros esperándonos. Seguís ahí cuando soñamos con algo y, aunque ya sabemos que no todo sale como imaginamos, todavía nos animamos a intentarlo.
Y quiero que sepas que estoy orgullosa de nosotras.
No solamente por lo que conseguimos. También por las veces que tuvimos que empezar otra vez. Por las veces que no supimos qué hacer y, aun así, seguimos. Por haber aprendido que no tenemos que ser perfectas para merecer amor, ni demostrar todo el tiempo cuánto valemos para que alguien decida quedarse.
Ojalá hubiera podido protegerte de algunas cosas.
Pero hoy entiendo que no podía.
Y aunque a veces me hubiera gustado ahorrarte algunos dolores, también sé que muchas de las cosas que hoy agradezco de mí nacieron de esos caminos que tuvimos que atravesar.
Lo que sí puedo hacer es no abandonarte ahora.
Puedo seguir escuchándote cuando algo nos haga felices. Puedo dejarte soñar sin preguntarte inmediatamente si es posible. Puedo elegir con más cuidado a quién dejamos entrar. Puedo aprender a tratarnos con la misma paciencia con la que siempre quisimos que alguien nos tratara.
Y, sobre todo, puedo recordarte que no teníamos que convertirnos en otra persona para llegar hasta acá.
La mujer que ves hoy no es alguien que dejó atrás a esa niña.
Es ella, después de todo.
Con algunas cicatrices, algunas certezas, muchas preguntas y todavía unas cuantas ganas de jugar, de reír, de descubrir cosas nuevas y de creer que la vida puede sorprendernos.
Así que quedate tranquila.
Crecimos.
Pero no te dejamos atrás.

Comentarios
Publicar un comentario