Donde no pasa nada (pero pasa todo)

Hoy me levanté sin ganas de ir a trabajar.

No era cansancio físico. Era otra cosa. Como si necesitara quedarme un rato más en mí, sin salir tan rápido al ritmo de siempre. No lo hice. Fui igual. Pero la sensación quedó.

Anoche intenté algo parecido.

Me preparé un baño, me metí en la bañera y me quedé ahí, en silencio, tratando de aflojar. De bajar un poco el ruido. De conectar conmigo desde un lugar más calmo. Y, sin embargo, en medio de ese intento, había algo que no terminaba de irse.

Esa especie de atención dividida.

Como si una parte de mí estuviera ahí, presente, y otra siguiera esperando algo que no llegaba.

No pasó nada extraordinario.

Y, al mismo tiempo, pasó todo.

Hay momentos en los que una empieza a notar ciertos movimientos internos sin que haya un hecho concreto que los justifique del todo. No es tristeza, no es angustia, no es enojo. Es más sutil. Más difícil de nombrar.

Es ruido.

Un ruido que no viene tanto de afuera, sino de ese espacio intermedio donde todavía no hay algo nuevo, pero lo anterior tampoco termina de acomodarse del todo.

Y en ese lugar es donde me encuentro ahora.

No estoy apurada.

No tengo la necesidad de llenar este momento con algo inmediato. De hecho, por primera vez en mucho tiempo, puedo registrar que no quiero hacerlo. Que no quiero distraerme para no sentir. Que no quiero adelantar procesos para llegar más rápido a algún resultado.

Pero eso no lo vuelve fácil.

Porque elegir quedarme también implica ver con más claridad.

Ver cuándo algo no termina de alinearse con lo que digo que quiero. Ver cuándo cedo en pequeños gestos que después me generan incomodidad. Ver cómo, incluso con más conciencia, todavía hay partes que reaccionan por inercia.

Y ahí aparece una pregunta que no es del todo cómoda:

¿cómo se sostiene lo que quiero, cuando lo que aparece no siempre coincide con eso?

No tengo una respuesta cerrada.

Lo único que sé es que, esta vez, no quiero salir corriendo a resolverlo.

No quiero reemplazar este momento por otro. No quiero forzar una continuidad que no está. No quiero buscar afuera algo que claramente me está pidiendo tiempo adentro.

Hoy, más que hacer, necesito ordenar.

No desde la exigencia, sino desde el registro.

Volver a mí.

A lo que escribo. A lo que pienso cuando no estoy hablando con nadie. A lo que siento cuando no hay distracciones que lo tapen.

Porque hay algo que ya entendí, aunque todavía lo esté aprendiendo a sostener:

no todo lo que incomoda hay que llenarlo.

A veces, simplemente, hay que quedarse.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Cuando parecia distinto

Leo diferente según para quién